El año era 1996, la Don Balón era furor en los kioscos y la Roja de Todos soñaba con ir a Francia 98, pero acá en Antofagasta mi viejo se ponía un gorro y salía de la casa con un cojín en la mano, yo salía corriendo preguntándole a dónde iba con eso y el respondió: al estadio, ¿vamos? Y así comienza esta travesía que ha tomado casi doce de mis 21 jóvenes años.
Durante todos esos años y hasta la actualidad he tenido que luchar contra comentarios, burlas y c
ondolencias por parte de mis familiares, compañeros e incluso varios amigos, todo por pertenecer a una familia de casi 3 mil fieles miembros que tiene un solo común: Club Deportes Antofagasta.
Pero, ¿Qué nos hace sentir esto por una camiseta? ¿Cuál es el motivo de tener que sufrir, gritar e incluso llegar a las lágrimas domingo por medio? Acá nadie me dijo que fuera del Puma, nadie me amarró y me obligó a ir al estadio.
Y amigos yo les digo con la mano en el corazón, es demasiado difícil amar a un club tan complicado como es el CDA, de verdad. Y créanme que yo entiendo perfectamente al que pudo haber nacido en la Segunda Región, darle una oportunidad deportiva al CDA y haber salido desilusionado por el espectáculo que los Pumas puedan haber entregado. Pero. ¿Qué hace finalmente esa persona? Se compra la camiseta de un 'grande', contrata el CDF (Canal del Fútbol) y lo ve todas las semanas, donde tenga que jugar su equipo, en la pantalla va estar, definitivamente NO TIENE BRILLO.
Nosotros los Pumas de corazón no podemos dormir un día sábado, comentamos toda la semana una posible alineación, cuando suena el pitazo inicial no dejamos de mover los pies y si el resultado es malo, no podemos aguantar la bronca por mucho tiempo. Así es la realidad de un fiel a su ciudad y a su club, ese que sufre como flayte sin su pitbull y que llega a llorar de felicidad por los logros que puede llegar a alcanzar la oncena titular.
Uuff, son miles las emociones y los recuerdos que en esta oportunidad puedo revivir, que pasan por la cabeza de uno, como si hubiese pasado ayer cuando goleamos a un Colo- Colo, bajamos a segunda y como no voy a olvidar ese partid
o frente a San Marcos de Arica cuando regresábamos a la serie de honor, donde honestamente éramos los 3 mil enamorados del CDA y 22 mil , y para que los niños entiendan en la casa, ponceaban con el Club ya que nunca más los vi en mi perra vida.
Díganme que estoy loco, o que lo mío no es comparado con el amor de otros por su camiseta pero el cariño y el respeto que le tengo al CDA no me lo quitara nadie nunca, sea donde sea y donde quiera que me encuentre, no dejare de apoyar, reír y llorar por Club de Deportes Antofagasta, Institución que me hizo valorar el cariño por lo local y obviamente por la que nos pone idiotas, la que se pone a rodar.
Jalo
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Estudiante de periodismo de la U. Católica del Norte, ha trabajado como reportero radio Atlanta y radiografía de la U. Católica del Norte.






