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jueves, noviembre 13, 2008

APRENDER Y APREHENDER II

Jugar en la calle es una técnica, hoy en día, poco conocida por la mayoría de los futboleros. Ya son muy pocos los que pueden decir que jugaron en potreros o derechamente en la calle, pocos tuvieron sus primeras alegrías en las pichangas de esquina a esquina, con dos piedras o camisetas marcando las porterías.

Aún recuerdo esas tardes en las que cumplía, a medias, con mis deberes y salía a jugar la pichanga del día. No era necesario pasar a buscar a cada uno de los jugadores, ya que sólo con escuchar el rebote de la pelota en las paredes, los compañeros y enemigos entendían que se avecinaba un duelo más.

Ahora veo a mis sobrinos o cualquier cabro chico del barrio, a quienes no les cabe en su mente estar cagándose de calor en la calle para pichangear con sus vecinos. Si no juegan baby fútbol en la cancha de la esquina no vale y jugar en la plaza de la esquina, donde el pasto reina, es solo un entrenamiento, sus pichangas se juegan en las canchas sí o sí.
Más que rabia, esta nueva generación me da pena, porque no saben lo que se pierden, no saben las sensaciones y sentimientos que derrochan al no jugar en la calle y las historias que nunca podrán contar por no haber corrido a dorso descubierto en un potrero.

Pero ¿qué significaba jugar a la pelota en la calle? Aún recuerdo la primera que jugué en una cancha de fútbol, con arcos, rayada con cal y todo. Tenía un entrenador que nos decía “bestias de la calle” debido a nuestro origen futbolero. No me acuerdo de su nombre, pero sí de su cara de sorpresa cuando las “bestias de la calle” jugamos como relojito y le ganamos al equipo que él había armado y que solo conocían los arcos con travesaños.

Cuando juegas en la calle aprendes de fútbol, conoces mañas, tácticas… muchos me dirán que en la cancha igual, pero los que pasamos por el estadio de tierra, con nuestras casas como barras bravas sabemos que no es así.

La pelota de plástico…
Siempre me acuerdo de las colectas que hacíamos para comprar la pelota de plástico que nos servía para pasar la tarde. Mi vieja siempre me regaló pelotas de fútbol, pero nunca alcanzaron a pasar el año, la hacíamos mierda en la calle, así que desde junio en adelante, solo las pelotas de plásticos nos acompañaban en nuestros desafíos.

¿Saben lo difícil que es atajar una pelota de plástico? Yo no sé con qué cara estos arqueritos de ahora reclaman por los nuevos balones, qué toman efectos indescifrables, “que esta nueva tecnología va en desmedro del portero”, etc., ojalá se juegue fútbol con una de plástico para que sepan lo que es difícil, una verdadera odisea… lo mismo queda para cabecearlas, o dar un pase milimétrico, más aún cuando se pinchaban éstas disminuían su velocidad a la mitad por lo que sorprender con un pase en profundidad era casi imposible.

Lo que nunca pude fue cabecearlas bien, aprendí a dar frentazos en el patio de mi casa cabeceando pelotas de tenis… ¡Madre mía! Que bien salían esos impactos con la frente o parietal, eran verdaderos misiles en contra del arco imaginario.

Las sociedades…
¿Qué significa una sociedad en el fútbol? ¿Cómo logras conocer el valor de una sociedad sino es en la calle o en ese potrero inservible? Fue ahí donde armé la primera pared. Primero con la cuneta o el murallón, después fue con mis partners de equipo. Al principio solo fueron el clásico uno – dos, pero después comienzas a jugar al vacío, a dejarla pasar o hacer la pantalla para que pase tu amigo y vacune al rival.

A lo largo de mi burda carrera, he tenido pocos socios de equipo y estoy seguro de que en la calle es más fácil de aprender, después de todo, la cancha en la calle o potrero tiene las dimensiones que tú quieras. Eterna para jugar en toda la cuadra o pequeña para un tres contra tres.

Tampoco puedo cerrar el tema sin hablar de las sociedades, las verdaderas hermandades que se arman cuando hay pelea. Nunca fui un peleador nato, pero tuve que repartir y recibir para estar con mis amigos y hermanos. Daba lo mismo si la pelea fuera justa o injusta, pero era pugilato al fin.

Y estando ahí con sangre de nariz o en la ceja, con dolor de puños, cuando caes extenuado y te sientas en la cuneta con la pelota entre las piernas y giras la cabeza te das cuenta quienes son tus verdaderos socios, amigos y hermanos del fútbol… con sangre de nariz, en la ceja, con el labio roto y extenuado tanto como tú.

La vieja de mierda…
Personaje odiado por todos los que jugamos en el potrero o en la calle. Sombría al igual que los tiempos en los que ella brilló en los barrios nuestros. De ella se ha escrito mucho, Sergio Ranieri en sus Apuntes acerca de una mala mujer, se dedica a perfilar ese maldito personaje femenino, la vecina que odia el fútbol, que nunca entregaba los balones de plástico, cuero o lo que fuera. Ella ya no existe, después de todo, ya no se juega en los que ella consideraba sus terrenos.

Todos los que jugamos a la pelota en la calle tuvimos una de esas. En mi barrio vivió una que hacía maceteros con los balones. ¡Los partía en la mitad e instalaba sus plantitas ahí! Aún recuerdo esa tarde cuándo vimos a la vieja salir con maletas y con mis hermanos nos pasamos a su casa para recuperar todas las pelotas caídas en combate y nos encontramos con ese cementerio, ese centro de tortura para las esferas felices.

Dicen que la vida da revanchas y años después, casi dos décadas después la volví a ver, estaba vieja, casi no caminaba y su rostro denotaba pena y creo que era por su jardín seco, muerto, sin nada de vida… no creo en la venganza pero esa vez reí y no me avergüenzo.

Podría seguir escribiendo, pero hay que cerrar y que mejor que citando a Sergio Ranieri que en Apuntes de una mala mujer, concluye su perfil de esa pérfida mujer de una manera notable: “Lo único seguro que esta historia y otras más han dejado de suceder ya. El potrero ha muerto de progreso y su fantasma amistongo languidece en los picados domingueros de los parques públicos, pero si usted mira desde la ventana de su casa algún picado con los muchachos, desde la ventanilla de un colectivo, de un taxi o de su auto, usted aún puede ver a unos gorditos nostálgicos, que para que la pelota no se vaya a la casa de la vieja del lado, por las dudas, la siguen jugando a la pelota bien pegada al piso”.




JM

jueves, noviembre 06, 2008

APRENDER Y APREHENDER (PARTE I)

Hace mucho tiempo que no iba a una cancha de potrero. Esa de tierra, piedras y con la mesita del turno a punto de caerse. Con un árbitro con cara de chicha, pero con un amor propio increíble, capaz de soportar los más crueles garabatos en su contra, su madre y su descendencia. Esa cancha con hinchas, señoras e hijos de los 22 gladiadores dispuestos a matar si éstos no dan un espectáculo de acuerdo con lo esperado.

Digo que hace tiempo que no voy, pero no por un afán clasista de etapa superada, no soy de los que dicen: “Ya no juego en potreros”, sino simplemente es que no había tenido la oportunidad de ir a ver un partido de ligas de barrio, el último tiempo lo dediqué a jugar con amigos y ligas interempresas, que para muchos no es lo mismo, pero la sangre siempre hierve y corre.

La cuestión es que fui y los personajes de mis años mozos comenzaron a aparecer en orden, cómo si fueran parte de una gran obra de teatro. Después de media hora en el tierral comencé a evocar el pasado en común con el 9 que estaba dentro de la cancha, el mismo centrodelantero con el que jugué durante años, que me invitó a la cancha y que es mi hermano.

El equipo se veía ordenado, era una serie pareja y con la mezcla ideal: jóvenes con expertos. Sin embargo, hubo una gran diferencia, gigantesca diría: el respeto.

La cuestión es sencilla o por lo menos la veo así. Dentro de esa cancha había dos grandes grupos: los viejos y jóvenes. Los pendejos alcanzan con suerte hasta los 25 años, siendo extremo en la clasificación. Los ancianos van de los 25 hasta la muerte. Muchos me dirán: “tengo 30 y no me siento viejo”. Físicamente no, pero cómo viven el fútbol sí.

Los viejos a medida que chuteaban una pelota aprendían y aprehendían la filosofía del juego. Éstos son capaces de explicar un off side sin complicarse y pueden hablar, debatir, pelearse y defender ideas futbolísticas sin problemas. En cambio, los jóvenes, ven todo color de rosa, éstos solo aprendieron a patear el balón en lugar de aprender y aprehender la filosofía del juego, prefirieron –sin pedirlo- ver los comerciales de Nike, Adidas, Puma y ahí sí aprender y aprehender los jueguitos con el balón, los cuales la mayoría de las veces, no tienen trascendencia durante en el juego.

Lo peor es que estos pendejos creen que corriendo y con un par de bicicletas pueden ganar un partido y la admiración de los más chicos.

Volviendo a la cancha, esa tarde de domingo pude ver esa diferencia de la que escribo. El central del equipo verde, un viejo de cincuenta años, con bigote mezcla de tanguero y comunista, dio una clase magistral de cómo quitar balones y entregarlos de forma perfecta. Y ojo no la tenía fácil, su hombre a marcar corría bien y sabía que el fútbol se ganaba con goles. Anticipó todas las pelotas, lo espero cuándo venía con pelota dominada, lo toreó si hablamos en el lenguaje del gran Elías Figueroa. El representante del gremio de los viejos –medio en broma, medio en serio- mientras pasaba por la barra local dijo: “Shhh y me alegan que estoy viejo!!!!”.

En el mismo equipo había un pendejo que con suerte pasaba los 20 años, atlético, claramente se notaba que el alcohol no era parte de su dieta diaria, ya que no había indicios de ponchera por ninguna parte. Su facha era la clásica del futbolista actual: la mejor pinta para jugar, preocupado de los zapatos, con aros, pelo engelado y apuntando al cielo… ¡Cómo será que me demoró más en explicar cómo viste, qué cómo jugó! No diré lo que hizo en los 90’ de partido, porque ya se lo imaginan.

Aún recuerdo mi primer partido en la adulta de mi anterior club. Jugué al lado de un viejo de rasgos indígenas, el hombre corría poco, pero tomaba la pelota y la ponía en el pie. Esa vez tuve una sola oportunidad de gol, pero le pegué mal. El hombre se acercó y parcamente me dijo: “Si la pide es pa’ que sea gol mijo ¿estamos?”, asentí con respeto. La primera lección jugando entre grandes.

Los pendejos creen que se las saben todas y con esto termino: ese mismo domingo, después que concluyó el partido el delantero engelado crítico al viejo líbero por qué nunca le tocó la pelota. El anciano lo miró y le respondió: “A la pelota se le busca” y se fue… lo más probable que el cabro chico no entendió y nunca entenderá total a él en el play station 2 las jugadas le salen como en el comercial de Nike.

JM